ImagenEl tipo ronca como debía hacerlo Polifemo en su cueva de las islas griegas. Este es el precio que debo pagar por abandonar el nido. Se llama Agustín y es un buen muchacho. Y vive en la más completa austeridad, por no decir miseria. Unas cuantas almendras crudas por cena es lo que nos echamos al estómago antes de ir a dormir. Dice que a él lo que más le gusta son las nueces, pero que este año por mayo cayó una helada tal que interrumpió la floración de todos los nogales. En todo caso, añadió, las almendras son el fruto seco más nutritivo y menos dañino para el estómago. La madre que lo parió.

Abrí los ojos cuando empezaron a sonar los Slayer, la primera del Raining Blood, y ahí estaba él, apoyados los codos sobre la barra, encaramado en el taburete, casi enfrente mía. No me lo podía creer. Acababa de soñar que aparecía esa noche y justo cuando despierto me lo encuentro ahí. Para fliparlo.

Y claro, me empecé a poner nervioso. ¿Le echaría valor y daría el salto sin tener en cuenta las consecuencias en el momento en que dijera de largarse, o me achantaría y me quedaría en mi puesto sin moverme?

La noche se dirigía con normalidad. Antonio el Punky se golpeaba el pecho de manera poco recomendable, las jarras de cristal caían al suelo haciéndose añicos, el agua de los servicios empezaba a inundar la entradilla de los Kiss, un par de conatos de bronca, el nano que salta la barra para imponer su orden, el grupo de adolescentes trapicheando algo con el Anti bajo el cartel del Master of Rock del 92 en las Ventas (menudo conciertazo aquel), la chica que cae desmayada al suelo desde lo alto del taburete, y nuestro amigo junto a la barra, cerveza en mano, impertérrito. Iba a quedarme nuevamente dormido cuando, a eso de la una de la madrugada sacó la cartera del pantalón, pagó y se dirigió a la salida. Sonaba el Heartwork de los Carcass. Entonces, sin pensármelo dos veces di el salto, miré para atrás, y como si no me hubiera movido de mi sitio. No se me da mal del todo la pintura. Correteé entre las piernas de los clientes, me rocé con unos cuantos de ellos, alguno pegó un respingo, otro me dio una coz con unas botas militares, y antes de que las dobles puertas se cerraran a mi paso salí del establecimiento casi a su par. Estaba en la calle. En la calle.

Resulta que ahí, en la calle, en el perímetro que circundaba la entrada había más gente casi que en el interior del local. Estaban fumando. Fumaban tabaco, tabaco y otra cosa con un olor un tanto chillón el cual me retrotrajo a la más tierna infancia, a los inicios del Perro Andaluz. Me quedé parado, mezcla de asombro mezcla de pavor, intentando comprender esa ley antitabaco tan rastrera de hacía ya un par de años. El caso es que nadie reparaba en mí. Reían, charlaban acaloradamente para no venirse abajo, se pasaban los cigarrillos como en el coro de la patata, hasta que alguien dijo eh, mira que chucho más cachondo. Yo ni estaba cachondo ni estaba para hostias y además hacía un frío que pelaba. Entonces miré a mi alrededor y vi que mi salvoconducto se alejaba calle abajo. Salí tras él como si me hubiesen metido un petardo en el culo.

Lo seguía a una distancia prudencial. El tipo, pese a no llevar una línea de camino lo que se dice recta le daba a los pies. En breve llegamos a una avenida increíblemente larga. El Camino de Ronda. A eso de ir un cuarto de hora a rebufo, cuando a nuestro alrededor tan solo se vislumbraba el juego de ida y vuelta de nuestras sombras en movimiento producto de la línea de farolas, decidí entablar conversación.

Eh, tú, tronco, ¿se puede saber adónde vamos?

─…

¡Eh, no te hagas el sordo!

Se dio la vuelta embutido en su chaqueta, y como lo más que vio fue a un perro con la lengua fuera volvió a su posición inicial. Eché a correr y me planté delante suya.

Tú, qué pasa, ¿es que nunca te has parado a hablar con un perro?

Paró en seco. Tenía la cara totalmente blanca y la nariz de payaso desnutrido. Entonces, como si tuviera la mandíbula encasquillada dijo para sí en un tono casi inaudible:

¿Me está hablando un perro?

¡Cómo que un perro! No, amigo, el que te habla es el mismísimo Perro Andaluz. ─Creí que por fin entraba en razón.

Ah, el Perro Andaluz. Jodida absenta… Bueno. Y qué, qué es lo que quieres.

Que cuánto falta para llegar a esa tal Ronda.

¿A Ronda?

Sí, ¿no vamos ahí?

─…

Me había equivocado. El tipo seguía totalmente hipnotizado, y como vi que no reaccionaba opté por cerrar el hocico y continuar a su lado e intentar que no le atropellara ningún coche de esos que pasan a una velocidad de espanto cuando uno menos se lo espera. Llegamos al final de esa larga avenida y luego giramos a la derecha por una calle que se hacía llamar Avenida de Cádiz. Supuse que nos dirigíamos ahí y agaché las orejas pues, por poco que sé de geografía, esa tal Cádiz me sonaba y sabía que muy cerca no debía de andar. De nuevo llegamos al final de dicha avenida y en esta ocasión giramos a la izquierda para seguir caminando por la margen de un rio que apareció como de la nada. Ahí hacía más frio todavía. Un frio que apenas se podía respirar. Y yo ya no sentía las pezuñas, pero el chaval, milagrosamente parecía estar acostumbrado a ello. Se ve que la caminata le fue recuperando la consciencia pues de repente y sin previo aviso abrió la boca.

Sigues ahí, eh, amigo.

El susto que me llevé fue menudo. Creo que hasta dejé escapar una gotitas de orín. Acabábamos de adentrarnos en un camino de tierra, el Camino de los Abencerrajes, y lo más que se escuchaba era el contrapunto de nuestras pisadas sobre los chinarros. Yo decidí no decir nada y comportarme como un perro normal y sumiso. Bajó el brazo y me acarició detrás de las orejas. Entonces supe que no me separaría de él en lo que me quedara de vida. Me acababa de decir amigo.

Buen chico.

Mediante unos saltitos sobre unas piedras resbaladizas colocadas estratégicamente cruzamos a la margen derecha del rio. Rio Monachil rezaba en un cartel medio desconchado. El alumbrado de la ciudad había desaparecido y ahora lo que nos guiaba era el resplandor de una luna aterida a medio hacer. Llevábamos cosa de una hora caminando y el trayecto parecía no tener fin. A ambos lados del carril unos inmensos maizales nos observaban amenazadores. Sabe dios las alimañas que esconderían en su interior. Y me acerqué todo lo que pude a su lado.

No tengas miedo, Tachán, que ya estamos llegando.

Y no mentía. Al cabo de un cuarto de hora, perdido en mitad de la vega, llegamos a nuestro destino, a “La alegría del abuelo Miguel”, suerte de minicortijo rodeado por una gran variedad de árboles y tierra de cultivo, cercado por una alambrada y resguardado por una cancela de hierro junto al camino. Quitó el candado de la reja y me dijo pasa, no tengas miedo Tachán. Tachán, de nuevo se había dirigido a mí con ese nombre, Tachán, y el nombre me cayó como si toda la vida me hubiera llamado así. Tachán. Me gustó. Cogió unas ramas del exterior, abrió la puerta de la caseta y entramos. Este sería mi nuevo hogar a partir de ahora.

Ayer, después de dos semanas dignas de mención regresamos al Perro Andaluz. Le dije que hoy no regresaría a casa, que tenía cosas que hacer en el bar, unos asuntos pendientes que debía resolver, pero que no se preocupase que regresaría a su lado al día siguiente. Ya nos vamos conociendo. Me dijo que tuviera cuidado. Tranqui tronco, que estás hablando con el Perro Andaluz, le dije yo.

FOto: Vlad Dumitrescu.

camino a chocho maas peqiueNo sé si sabrán que Metallica ha subido por fin toda su discografía al Spotify. Escuchen a todo trapo el Fade to black en el Mexico City de 1993. Ahí el grupo rozaba la cúspide de su carrera y lo plasmó como lo hacen los grandes, en vivo y en directo. Cuando hacia el minuto cinco y medio entra el doble bombo con toda su potencia se le ponen a uno los intestinos del revés. Poco a poco los grandes se van rindiendo a esto que llaman progreso. Puede que en breve caigan AC/DC o The Beatles.

Está claro que Internet es ya una realidad. Y que es una puta locura más que nada. Algo tan grande no puede ser obra de un ser caritativo, un regalo de los dioses. Es una maquinación del mismísimo Diablo ante la cual deberíamos estar prevenidos. Que es una herramienta de trabajo cojonuda no cabe duda, ala que estar cogidos por los güevos los estamos ya todos. El otro día leí que un erudito francés había escrito un ensayo. En la entrevista que le hacía un tal Vidal-Folch decía que hasta el siglo XVIII la prioridad del ser humano había sido siempre el ocio, pero que con la llegada de la revolución industrial del XIX ésta pasó a ser el trabajo. El ocio lo definía como esos momentos de esparcimiento que uno tiene y que dedica a su familia, la lectura, el paseo, la contemplación, o lo que le venga en gana. Es decir, que en aquella época aún se trabajaba para vivir y no al contrario, como ocurrió con la llegada de las fábricas y el capitalismo. Esto de lo que hablo es un tema que me queda un poco grande, pero así, visto por encima me resulta más que interesante, y eso que lo hago escuchando el …And Justice For All a todo trapo (menuda producción).

Lo que yo deduzco es que de qué manera lo han hecho para meternos la idea de que el trabajo ennoblece al hombre ─lo dijo el Rey hará un par de semanas─. Lo ennoblece por los cojones. Si desde que uno nace le comen la hoya para que se hipoteque de por vida resulta más sencillo comprenderlo. Vas tú, consigues un empleo en época de bonanza (esto también lo programan ellos), te hipotecas con una vivienda digna, la rellenas de últimas tendencias, tienes hijos, y cuando todo parece ir de perlas, pumm, toma crisis del copón: ahora vas a hacer lo que yo te diga.

La ecuación trabajo (incluido el autoabastecimiento, la autoproducción), techo donde caerse muerto y ocio es una utopía. Siempre habrá un elemento que falte para que se complete, y de esto quienes se encargan no son ya los gobiernos ─estos se han convertido en meros monigotes, en personajes de una mala novela─, ahora son las empresas a las que esa operación matemática no les interesa que se dé, una oligarquía soterrada que mueve las fichas en este tablero de ajedrez llamado Planeta Tierra. La actualidad canta por sí sola. El que tiene trabajo trabaja para pagar sus deudas y poco tiempo de ocio le queda, y el que le queda es para exprimirse el hipotálamo e intentar dar con la solución de cómo salir del hoyo en el que él solito se ha metido por la inercia de los mercados. El que no trabaja dispone de todo el tiempo del mundo para su esparcimiento, pero ese tiempo lo emplea en intentar conseguir un empleo que lo ennoblezca, o sea, en conseguir dinero para poder independizarse, crear una familia, etc, etc.

Venga, pues propón una solución. Una solución. Me pondré a ello. Necesito tiempo para pensarlo. Por lo pronto aconsejo que dejen de hacerle caso a las noticias, en la web, en la televisión, en los periódicos, en la radio. Que no se crean nada de lo que nos dicen. Piensen en la ecuación, en el elemento que les falta, y pidan ayuda, hablen los unos con los otros y a ver si entre todos pueden echarse una mano sin la necesidad de un gobierno, y menos de un gobierno corrupto. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Internet es el medio idóneo para ponerse a ello. Utilicen sus propias herramientas de control. Yo, aquí, la verdad, no me puedo quejar. Lo tengo todo. Soy un mantenido y no me avergüenzo de ello. Dispongo de techo, comida y tiempo para hacer lo que quiera. Gastar, lo que se dice gastar gasto bien poco. Soy un ser de esos totalmente improductivo para la sociedad. Con dos cojones. Y utilizo Internet en mi beneficio. Sólo echo en falta dos cosas, una, a alguien con quién conversar en persona, con quien pasar un rato agradable, y dos, poder salir de este antro para pasear al aire libre. En cuanto lo consiga seré el perro más contento de mi especie.

Los tres primeros LP de Metallica fueron toda una revolución. El alma de Cliff Burton rezumaba por los cuatro costados. Luego éste murió en un accidente de autobús en la gira del Master y el grupo se tuvo que reinventar. Y no lo hicieron del todo mal. Perdieron fuelle pero ganaron en composición y calidad de sonido. Se habían hecho mayores. El …And Justice For All todavía arrastraba el influjo de Burton, pero el Black demostró que todavía tenían mucho que decir. Y empezaron las críticas. Ajenos a éstas y para calmar los humos de sus fieles seguidores sacaron el directo de México, pero ya tenían en mente el Load, que lanzarían en el 1996. Entretanto problemas con las drogas y demás inconvenientes que arrastra la fama amenazaban con la separación del grupo. METALLICA HABÍA TOCADO FONDO. Por los cojones. El Load es una puta obra maestra. Su obra de madurez. Si me apetece escuchar Metallica ahora me pongo este disco. El Reload su mismo nombre lo define, solo que de éste último apenas tres temas merecen el distintivo de genialidad (escuchen Love Man´s Lyric, a tope, claro está, The Memory Remains, o Fixxxer). Y se acabó Metallica. Y empezaron los palos de ciego. The Unforgiven nunca tuvo que tener una segunda parte, y menos una tercera. Occidente ya había despabilado, no más guerras, medio siglo de respiro después de tanto descalabro, pero se durmió en los laureles y las grandes empresas iniciaron su guerra solapada, La Tercera Guerra Mundial, la más inteligente de todas las guerras; va un brindis por ellas. Occidente, la condición humana nunca se contentará con sus logros, siempre querrá más, y no digo que esto sea negativo, pero sufre de una mala memoria sorprendente, de una visión rectilínea que le impide mirar atrás, a los lados; esa será siempre la lacra que le impida alcanzar la ecuación, disfrutar plenamente de su existencia. Y el arte para los atormentados por naturaleza, esas minúsculas partículas a la deriva que nos acarician el alma cuando se les ilumina la bombilla. Al que le guhte que lo pluebe, y al que no que no lo pluebe, cantan los Orishas. Las partículas elementales, de un tal Oskar Roehler, les recomiendo esta peli.

Pd. Sin noticias del tipo enchaquetado.

68409_366278640120554_1657378825_nLa semana pasada me despedí con dos posdatas. Recordarán que dije que nunca he tenido amigos; ni amigos, ni mujer, ni hijos, ni por supuesto padres, no obstante lo epistolar, no sé por qué, pero me atrae; será que como no tengo a nadie a quien escribirle… Ya saben que lo que más se desea es lo que no se tiene, sin embargo el blog me presta esta posibilidad de cartearme, no solo con alguien en concreto, sino con el mundo entero. Lo piensas y acojona: ¿me habrán leído en las Filipinas?, claro que no es lo mismo. Debe ser alucinante abrir el buzón y encontrar, aterrorizada entre certificados administrativos, avisos de corte y terceras reclamaciones, la carta del ser querido al que hace que no ves, con su sello y todo. Aunque sea para decirte con la mejor caligrafía que pospone el viaje de retorno, que te sigue echando de menos pero que ya no lo lleva tan mal porque ha empezado a conocer a gente, que en Manila no se está del todo mal. Entonces vas tú y le escribes los versos más tristes al caer la noche, con su sello y todo, y uno de más vaya a ser que se extravíe. Nada más auténtico, después del diario íntimo, que la carta.

Lo bonito que es enfrentarse a la página en blanco ─en mi caso a este palimpsesto de plasma lleno de salpicaduras secas de cerveza─. Sé que el tema debe tratar de los muertos, los redivivos, el más allá para que no me tachen de desfasado, pero lo cierto es que no se me ocurre nada atractivo. Para mí, este tipo de festividades es como el que se la menea a un muerto; por más que intento escribir algo que tenga que ver no me sale nada en condiciones, ni siquiera una gotita de satisfacción. Para motivarme me he puesto el Bark at de moon de Ozzy. Lo que es saber algo de inglés. Yo estaba en que era back, o sea, regreso, como Regreso al futuro, una de mis pelis favoritas, y ahora resulta que no, que es bark, o sea aullido, canto a la luna; estoy aprendiendo mucho. Esta semana me he puesto con la pintura. Quiero aprender rápido el oficio para dibujarme en mi pedestal y así, cuando me vaya de aquí, nadie me eche en falta. El curso on liine de pintura lo estoy dando en inglés, para matar dos pájaros de un tiro. Voy así de rápido porque me he enterado de que no tengo 14 años, no, sino de que tengo esos años multiplicados por 2´7 periodo, o sea, que rondo los 38 tacos, toma castañas; ya decía yo que mi madurez sexointelectual era algo fuera de lo normal, así somos los perros.

Estoy preocupado porque hace noches que no viene por aquí ese del que os hablé el otro día. Espero que no le haya pasado nada malo. Con esos ciegos que agarra nunca se sabe lo que le puede pasar a uno. Tipo delgado, no muy alto, pero como siempre va muy bien vestido ─la verdad es que desentona un poco estéticamente hablando con el resto de parroquianos─ resulta más alto de lo que realmente es, en vaqueros y siempre con chaqueta ya sea americana o de invierno, pelo corto, bien cortado, castaño oscuro, y modales exquisitos. Parece yo qué sé, un leguleyo en ciernes. A mí me cae bien. Tengo olfato para las personas. Lo tengo decidido. El lunes empiezo a pintarme ─no soy Goya mas no creo que me resulte difícil autorretratarme─, y conforme aparezca doy el salto y me pego el piro con él. Aquí, con estas luces tan molonas, con esta música de los infiernos no se cosca ni dios de nada.

Me estoy alargando otra vez. Ahora he clicado el Dream Evil de Dio. Una pasada. Para resucitar a un muerto: ¡uhh, qué miedo! Halloween, su puta m…, estos americanos…Este mercado ya no sabe qué inventar para tenernos entretenidos. Lou Reed no ha podido elegir mejor fecha para dejarnos. Yo me quedo con el Lou de la Velvet, igual que con el Paul Di´anno de los Maiden o el Bon Scott de AC/DC. Hablando de correos, me viene a la memoria The gift, del álbum White light / White heat del recientemente fallecido, paranoia de canción, donde un tipo, alejado de su amor y sin la posibilidad de ir a hacerle una visita porque está tieso, hace cálculos y con lo poco que tiene se mete dentro de una caja de cartón, se embala a conciencia, y se manda certificado a la dirección de la novia. Ésta se encuentra en casa con una amiga cuando recibe el paquete. El cartero las ayuda a meterlo en casa. Cuando se quedan a solas ante él intentan abrirlo pero éste está tan bien precintado que les resulta imposible. Miran el remitente. “Ah, el pesado de Waldo otra vez”, dice la amiga. Ella se ríe. Él se empieza a sentir mal. Aquello que creía que la iba a sorprender se da cuenta de que va a ser todo lo contrario, que el amor se había acabado. Ella cae en la cuenta de que su padre guarda en el sótano de la casa gran cantidad de herramientas. Sube con un serrucho, pero la caja está grapada y tampoco pueden abrirla. Entonces con un cuchillo arremeten contra el paquete. Se ensañan hasta traspasarlo de emoción. Cuando consiguen abrirlo ambas dejaron de fumar. Así era Lou Reed, ni un mísero atisbo de melodía en su voz en los ocho minutos largos que dura la canción, pero sobrecoge.

La muerte resulta tan lejana en la actualidad que ya no se escribe como antes. Con tanta esperanza de vida se nos escapa la idea de que estamos de paso. Flaco favor éste. Antes era algo como de andar por casa, muy dolorosa, sí, la muerte de alguien cercano, pero muy productiva. El mundo se nos ha quedado pequeño, ya hasta resulta improcedente escribirle una carta a esa persona que hace tiempo que no vemos. Hasta puede resultar patético. Puede resultar patético esto que suelto cada semana, pero el simple hecho de saber que alguien lo leerá me insta a seguir con ello. No sé bien por qué, como dice Barricada en el Balas blancas. Al caso les recomiendo Clerks, de un tal Kevin Smith, con poco se sacó de la manga una película sin desperdicio, y el final es para partirse. Ya digo, como el que se la menea a un muerto, esto de reírse de nuestros difuntos. Y en breve Papa Noel.

 

 

EN CASITA Y SIN RECHISTAR

Publicado: octubre 26, 2013 en SOLILOQUIO DE LOS PERROS

ImagenLos voy conociendo poco a poco gracias a los podcast del programa Juego de espejos en Radio Clásica de RNE, y no quiero ni pensar de lo que habrían sido capaces si hubieran dispuesto de los adelantos informáticos que corren hoy día; es más que probable que hubiesen acabado todos en la casa de la risa. Qué capacidad mental debían tener esos engendros de la naturaleza para crear obras como ésta que ahora suena (desgraciadamente maltratada por ese limitador destroza sonido que la delegación de Medio Ambiente de nuestro queridísimo Ayuntamiento ─los escribo en mayúscula igual que lo hago cuando aparece el palabro Dios, sin ningún ánimo de lucro, por yo qué sé─ obliga a instalar en garitos de estas características) a un volumen nada acorde a las circunstancias ─si por mí fuera desconectaba ese aparatejo de color rojo creación del mismísimo diablo y se lo introducía por el orificio que todos estamos imaginando, sin vaselina ni hostias, hasta que reventara de placer─: La Pasión según San Mateo (Bach), para quitarse el sombrero; o como el Concierto para piano y orquesta Nº20 (Mozart), las novenas de Beethoven, Schubert, Mahler, Dvorak; y qué decir del grandioso y monumental Richard Wagner. Dios bendito la que habrían liado. Me gustaría ir un día al Manuel de Falla, o al Isabel la Católica a comprobar si allí hacen uso de esa normativa medioambiental. En cualquier caso…, oh my God (también me ha dado por el inglés, para moverme con mayor soltura en la red) Y dale con en cualquier caso. Ya lo dijo un viejo conocido mío ─que, por cierto, le han concedido un premio recientemente, mi más sincera enhorabuena desde aquí─, hubo una época en la que estuvo enganchado a ella. Cómo es posible que la suelten con tanta frecuencia. Debería estar prohibida más de una vez al día: en la radio, en la televisión, en los periódicos, en las revistas, hasta se la oí decir a uno el otro día del que hubiera apostado todo a una que jamás se la escucharía decir; también a otro que ronda por estos lares. En cualquier caso…, me descoloca esta expresión. Estoy bloqueado. Sólo se me ocurren ideas banales. Principios de novela de lo más patético. Mi ángel de la guarda insiste en que debo desarrollar más a los personajes antes de embarcarme en la escritura para que no parezcan simples monigotes, no solo eso, sino también en lo que es la trama, en que debería saber de antemano a dónde se dirigen, los conflictos que los unirán, la ligazón ─esta palabra me gusta, la leí el otro día donde fuera y mira, se me ha quedado─ y, por supuesto, tener claro qué es lo que quiero trasmitir. Yo levanto la pata ante todo lo prestablecido, bien sea por la izquierda bien por la derecha. Saben que les digo, que a tomar por culo la ficción, que me quedo con la realidad, con este blog tan fresco y dicharachero que me sirve de desahogo para no liarme a mordiscos con el primero que pille ─no sé si estoy vacunado─.

Reconozco que no soy muy inteligente. Eso me ha quedado claro. Soy incapaz de crear un personaje que no sea el fiel reflejo de mí mismo. Menudo escritor de pacotilla. Toda la vida engañado con esa idea, toda la vida ahí estampado en la pared en busca de tiempo para escribir la gran novela que creía llevar dentro de mi quijotera y luego mira, siempre yo yo yo y más yo, solamente yo, yo solo el personaje principal, solamente yo, I´m, I´m, I´m, y todos los demás meros apéndices de una experiencia escarmentada. A tomar por culo la ficción, sí, tanto pájaro en la cabeza, me quedo con lo poco que tengo, que no es poco. Adornaré la realidad, trabajaré sobre ella, aplicaré los artificios y aprovecharé que los tengo bien puestos, que soy la repolla, que bien podría ser un personaje de ficción, un can cancerbero al cual, por circunstancias de la vida, la existencia sobre la faz de la tierra no le ha resultado nada grata, aunque en modo alguno aborrecible, todo lo contrario, más bien podría decirse que lo ha bebido todo, quiero decir, vivido. Arrastro un currículo de vivencias digno de premio Pulitzer, de Nobel de Literatura, de Paz, de lo que sea, solo que escribirlo no tendría finalidad alguna porque ¿es que podría publicarse?, imposible, no me conviene. Ni trasmutarlo todo sabría hacerlo. O escribo sobre la cruda realidad o nada me saldría como pretendo. Se preguntarán que en qué quedamos, realidad o ficción. Pues en lo que surja, qué más da, tanto preguntarse…, dejen al artista expresarse como le venga en gana. Menudo escritor de pacotilla, de festivo, ja. Creo que el problema estriba en que tuve una mala educación, una base mediocre, claro que también hay que tener en cuenta mi condición de réprobo, ese lastre que me lleva acompañando tantos años, esa agiostasia tan acuciada (ver entrada nº1)

Admiro al ser humano. Lo digo en serio. Admiro su porte, tan estirado, ¡sobre dos patas y como si nada!, pero sobre todo admiro su inteligencia, la capacidad de adaptación que ha ido desarrollando conforme al paso de los siglos, de creación, partiendo de cero, desde la más rudimentaria rueda hasta El anillo del Nibelungo verbigracia, y, siendo un poco rimbombante, a lo Rimbaud ─otro grande entre los grandes─, reconozco que su mayor logro ha sido el de la música, pese a andar un poco despistado en la actualidad y se haya quedado estancado en el siglo XX: el siglo XXI debe ser el siglo de las nuevas iluminaciones, de las nuevas epifanías, de la renovación, donde se aúnen todas las artes y se cree algo tan grandioso que hasta al mismísimo diablo se le ericen todos los pelos de su cuerpo corrupto, y creo que el formato que mejor se adapta a esto que predico es el del Séptimo Arte, el del Cine, no el cine del todo a cien no, sino el CINE con mayúsculas. A este respecto, y ya para finalizar, debo decir que estoy fermentando la idea de pegarme a rueda de un tipo bastante peculiar que viene casi a diario por aquí, un artista todo lo más, el cual pilla semejantes ciegos que quizá necesite de un lazarillo que le guíe esa alma tan menesterosa de la que hace gala en momentos de total embriaguez. El pobre, por más que bebe no encuentra su ubicación, ala que, no sé cómo voy a hacerlo.

Pd. Parece que por fin se han dado cuenta de que en PIG Estudios no hacen nada malo y vuelven a dejarlos ganarse el pan con el sudor de su frente. Malditos sepulcros blanqueados, filisteos, burócratas de ancho respaldo, a éstos los insonorizaba yo a 120db, les ponía el The Bleeding de los Cannibal Corpse a tope, un par de inciensos, les sellaba la salida a cal y canto, y a ver adónde iban a ir ahora de esparcimiento esos filibusteros. ¿Es posible que en Granada, cuna de grandes artistas, estemos los músicos, los pubs, las salas de conciertos, los estudios de música perseguidos como si fuéramos maleantes? Grrrrrrr..

Pd2. Recuerdo con los ojos vidriosos (los perros también lloran) cuándo antaño, si querías escuchar tu música preferida con una calidad extrema y a un volumen que te hiciera poner la piel de gallina, saltar de alegría, provocar lágrimas de placer, tenías que ir al pub de turno a gastarte los cuartos. Ahora, cualquier dispositivo casero libre de censuras suena mejor que todo garito si te lo sabes montar bien, sólo que, resulta tan triste…; así va a levantar España su puta m…

 

 

AUTOEDITADOS

Publicado: octubre 19, 2013 en SOLILOQUIO DE LOS PERROS

231070_222517881214678_1221615067_nHoy he tenido un día de perros. Puede sonar a tópico pero así ha sido; ah, los tópicos, los tópicos, lo prestablecido, lo que hay que hacer. Durante la semana voy recopilando información que luego, el sábado bien temprano me vale y me inspira para dar forma a este escrito. Resulta que ahora a la gran pluma le ha dado por escribir metiéndose en la piel de un animal. Lo hizo Cervantes en su magistral Coloquio de los perros ─antes los griegos, quién si no─ al igual que después siguieron al alcalaíno otros, con mayor o menor fortuna. Pues ahora, de igual modo, están una tal Espido Freire en una revista con piel de gata y un tal Fernando Delgado en una novela titulada “Me llamo Lucas y no soy un perro”: en qué quedamos; me temo que ha sido demasiado fuerte el impacto que ha causado mi blog en la red. Luego me llamó la atención un apartado en el que se decía que la autoedición está de moda, que en no sé qué feria alemana se había dado cita a un gran número de estos escritores que: los que buscan este modo para salir de la nada y ser leídos ─resaltaba la noticia en letras de mayor tamaño─ son en su mayoría escritores de festivo, los cuales no le dedican más de cinco horas semanales al oficio. Esto último me dejó perplejo. Esas horas son solo las que me lleva conseguir arrancar este maldito ordenador.
A lo que iba, esta mañana (sábado, a eso de las 5, una vez el Nano ha chapado) me preparo para escribir mi entrada semanal en el blog, y de buenas a primeras como que me vengo abajo. Ha sido de lo más raro. Sentado frente a la pantalla me he quedado en blanco. Pero ahí no ha terminado la cosa, no. Sin comerlo ni beberlo me han asaltado una retahíla de preguntas de naturaleza desconocida para mí, y, como no encontraba respuesta inmediata a cada una de ellas me he empezado a sentir mal. Cuestiones tales como la del sentido de la vida, por qué motivo estamos aquí, cómo diablos he terminado escribiendo cuando esto no tiene utilidad alguna, cuando nadie me ha obligado a ponerme a ello, en vez de dedicar mi tiempo a algo más productivo, remunerado, y así poder comprar todas esas cosas tan atractivas que publicitan gratuitamente y de las que el resto del mundo se mata por conseguir. Preguntas de ese calibre, como para descerrajarse los sesos, verdaderamente disparatadas; una puta locura, hablando en plata. Entonces, cuando a punto estaba de caer desmayado desde lo alto del taburete, cuando el corazón se me había acelerado más incluso que cuando entro en la página de mascotas encantadoras, me he echado un güisqui a palo seco ─el primero que he pillado (por la urgencia) de la gran variedad de licores que aquí se ofertan desde solo 3 euros─, y ahí se han acabado las distracciones; al tercer trago ya estaba el perro más contento que la Merkel con su reelección, con el papel que le había tocado vivir, con el entorno que lo arropaba día tras día. Y me dispongo a escribir exultante de alegría y pensamientos gratos, y el ordenador me dice que el periodo de prueba de Word ha expirado. ¡Cómo es eso! ¿Era eso posible? Pues bien, hora y pico desperdiciadas hasta dar con el parche para craquearlo, su puta m…, con lo que el puntillo también había expirado. Y me puse en la piel de esos que, no como yo, sí que se ganan la vida escribiendo, en columnas de opinión de revistas y periódicos, y me los imaginé yendo a la casa de la vecina a pedirles el ordenador para terminar de escribir el trabajo y enviar a ultimísima hora el resultado a redacción con la conciencia intranquila por no haber podido hacer esa postrera corrección de estilo y musicalidad que es la que hace que el escrito se quede de pie. Pobre de ellos, pensé. Uno con estas cosas está realmente vendido. Hasta qué punto los imaginé desesperados que les pasaba inadvertido el acicalamiento in extremis de la vecina, la cual no terminaba de creerse que tuviera sentado a su mesa de diseño al famoso escritor, y acariciando suavemente las teclas de su portátil.
El bajón era considerable, cuanto más todavía no había desayunado nada. Veía cuchillos por todos lados, sentía unas ganas irrefrenables de rebanarme las muñecas allí mismo. Todo lo cual consigo hacerme un par de perritos, abrirme un par de coca colas, y a los cinco minutos el ánimo estaba restablecido. Entonces lo comprendí todo, el funcionamiento del mundo, la manera en que se habían amasado las grandes fortunas, y me sentí afortunado -valga la redundancia- de, siendo tan joven, haber descubierto los entresijos del sistema. Pero éste es otro tema del que hablaremos más adelante.
Mi gran desdicha es que me tira más el arte de escribir que el de leer, y eso es un lastre que me pesará toda la vida. Pero contra ello nada puedo hacer. Yo creo que se debe a mi gran olfato: leyendo las primeras páginas de cualquier autor ya lo he pillado al vuelo, y entonces es cuando me dan ganas de ponerme a escribir, para imitarlo, para absorber de su estilo cuanto me sea posible, o para reírme de él asimilando cómo no se deben hacer las cosas. Muy pocas historias son capaces de atraparme, ya no presto tanta atención a la trama como antes; eso sí, cuando esto sucede el libro cae fulminado en un tiempo récord, hasta incluso puede que le haga una relectura. Ejemplos, pues el del otro día, de un tal…, joder, ahora no me viene, titulado… Otra cosa que deben disculparme es mi mala memoria. Tengo un cerebro muy exquisito, se queda con lo que le venga en gana, y a eso debo ceñirme; intuyo que eso es bueno, de hecho le concedo un papel preponderante a mi intuición a la hora de tomar decisiones. Para qué se va a enojar uno con su coco si a fin de cuentas él es el que manda. Así de peculiar es uno, así de auténtico podría decirse; principium individuationis.
Tengo calado a uno de esos autoeditados que se deja caer por aquí a menudo, sobre todo los días de bingo, esto es, los martes, cuando el bar se pone a rebosar de peña. Leí una entrada donde le hacían una entrevista en la que aseguraba que él le dedicaba a la escritura toda una jornada laboral. Pues bien, me hice con su último libro en la red, y menuda bazofia. Hice el esfuerzo por terminarlo porque, como sé quién es, quise ahondar en su persona; era el primer escritor ─y hasta la fecha el único─ que tenía frente mí. Después, una noche que apareció con un colega, tras ponerse a gusto a Barcelós con Coca Cola le confesó a su camarada que no, que no era para tanto, que él dedicándole una o como mucho dos horas a la escritura tenía bastante. Entonces supe que éste, a la historia, no pasaría. Mi olfato no me engañaba, éste escribía para, pues, no sé, ¿decir que era escritor?, uuh, soy escritor, te quieres casar conmigo. La verdad es que le miras a la cara y si eres un poco perspicaz lo percibes inmediatamente. Pocos escritores hay que con solo mirarles el semblante te trasmiten ese algo que hay que tener para llegar a ser grande; escritores, músicos, pintores, etcétera, para todos ellos me vale esto que digo. Así que, queridos escritores autoeditados, si consiguen alguna noche dormir las ocho horas que recomienda el señor Punset, vayan al baño, quítense las legañas, refrésquense la cara, obsérvense detenidamente al espejo y después pregúntense: ¿llegaré algún día a convertirme en una gran pluma o por el contrario me contentaré con ser un simple oportunista?, ¿escribo con el alma o sólo estoy desperdiciando mi tiempo? ¿Seré capaz de escapar a cualquier indicio de pudor? Si no es así, si intuyen que jamás llegarán a ningún lado, ni después de ser devorados por los gusanos, que son escritores de festivo, entonces mejor se dedican a otra cosa, hagan caso a su intuición, ya digo, o si no prueben a meterse en la piel de cualquier animal y déjense llevar. Puede que ahí esté la clave, el quid de la cuestión, que se den cuenta de que están demasiado domesticados. Ahora confieso yo que a punto estuve de caer en la autoedición. Alguien me abrió los ojos. Ahora no lo recuerdo. Guau, guau.

MENTIRAS PIADOSAS

Publicado: octubre 12, 2013 en SOLILOQUIO DE LOS PERROS

la foto (1)El otro día mentí, no obstante fue una mentira piadosa. Por que se mienta de cuando en cuando no lo convierte a uno automáticamente en cínico, ese derecho se lo reservamos en exclusiva a nuestros queridos políticos, bueno, a su inmensa mayoría; sospecho de que un antepasado mío se dedicó a la política, no sé por qué, pero algo me dice que estoy en lo cierto, y ése del que me vienen como pequeños fogonazos ─sobre todo en el duermevela sudoroso que me provoca un atracón de perritos, de esos que ya comenté la semana pasada─ sospecho, digo, de que no fue del todo trasparente en sus asuntos. Debo confesar una cosa antes de continuar con el tema que hoy nos atañe, la mentira: he decidido escribir una novela para forrarme de billetes (aquí encerrado las veinticuatro horas del día qué otra cosa podría hacer, aparte de mirar la tele o escuchar música todo el rato; mira ese tal Cervantes, cada vez que lo metían preso salía con un nuevo libro, aunque por lo que he investigado el reconocimiento económico no le llegó todo lo a tiempo que él hubiera querido, ahí no fue muy audaz), pero viendo que lo de escribir no es tan sencillo como suponía, aprovechando que aquí hay Internet, conexión Wifi y demás últimas tecnologías (Spotify, máquina de dardos, táctil con el juego del Trivial, futbolín, etcétera) me he descargado los diccionarios María Moliner y Panhispánico de dudas ─en una carpetilla oculta─ con el fin de aplicar los nuevos conocimientos en este blog a modo de practica y así ir cogiendo soltura narrativa para ese proyecto del que os hablo. Así las cosas, y siempre receptivo de un severo rapapolvo por parte de cualquier experimentado que decida perder su valioso tiempo leyéndome ─no lo digo con segundas, lo que pretendo es un asesoramiento gratuito on line─, este ejercicio literario quizá se convierta en algo valioso para todos.

Sí, os mentí la semana pasada: la pizza no estaba tan buena como aseguré, y es que, ¡ay, esta cabeza mía!, con las prisas olvidé cubrirla de ingredientes; no quería yo empezar desprestigiando a un negocio gracias al cual me veo aquí vivito y coleando. Resulta que soy alérgico al queso. Claro, no lo sabía. Al día siguiente ya intenté hacerla como mandan los cánones, y ahí sí es verdad que me requetechupé las pezuñas, ¡cómo chorreaba el queso fundido al llevarme cada porción al hocico!, pero al cabo de unos minutos tuve que ir de urgencia a los servicios a vomitarlo todo: me había inflado como un globo aerostático; menudo susto me llevé. Entonces decidí que de ahora en adelante me alimentaría exclusivamente de perritos que por lo que sea que me caen mucho mejor, todo lo más se me hincha un poco la barriga, pero que, viendo las noticias ─me relaja ver la marcha del país─ de panza arriba sobre la barra, la digestión hace su circuito sin problemas, acaso un centrifugado ventoso cuando se acerca al final. Que estamos iniciando el camino de la recuperación…, que ya está a la vuelta de la esquina…; por poco sí me caigo de la barra al escucharlo. Y estos españolitos, pensé, una vez me hube repuesto del susto, ¿pero es que no están ya hartos de tanta mentira piadosa?

                                                                                                                                                                                                                                 

                                                                                                                                                                                                                             fotografía: Santiago Caruso

CUMPLEAÑOS FELIZ

Publicado: octubre 5, 2013 en SOLILOQUIO DE LOS PERROS

Sueño infernalDebido a una acuciada agiostasia nunca he tenido amigos; ni amigos, ni mujer, ni hijos, ni por supuesto padres por mucho que digan por ahí, así pues, la despedida con la que doy inicio a este blog no es para tanto: acabo de cumplir catorce años (catorce, creo que es la primera vez en mi vida que escribo la palabra “catorce”; catorce, sí, así está mejor, sí, sin las comillas, no me gustan las comillas; palabra curiosa, ésta, oye: ca-tor-ce; vendrá del latín, seguro. Una pregunta, este último “ésta” ─de nuevo las comillas─ ¿lleva acento?; yo creo que sí, por eso lo he tildado, corríjanme si me equivoco, por favor. También es cierto que es la primera vez que escribo después de tantos años de ostracismo, no algo en un blog, sino en mi vida ─lo he estado meditando, más bien aprendiendo a expresarlo medio qué─, por lo que también es la primera vez que escribo este belén de palabras, las cuales me temo que no llevan a ningún lado, todo hay que decirlo, pero resultan Tan Bonicas…; menudo tan tan me acaba de salir, ja ja, y es que tengo el sentido musical metido en los sentidos, no es para menos, todos los días dale que te pego desde que se abre, a la fuerza se me ha tenido que pegar algo, desde que naciera, incluso antes ya escuchaba cómo se iba gestando ese doble bombo en mi cabeza: un tipo llamado Urqui me sacó de unos botes de pintura mediante pinceles de medio pelo ─antes ya me habían (a ver, cuál es la palabra) diseñado, sí, antes ya me habían diseñado (unas manos más delicadas, femeninas) pero duré bien poco, puede que algún día explique la causa de ese intento fallido; un daguerrotipo de él a modo de recuerdo hay pegado en el techo, ahora no sabría decir exactamente dónde─, y por un par de jarras de cerveza bien fresquitas ─producto por antonomasia─ me entregó a un desconocido; ni la Sor María esa ─¿descansará en paz?─ de la que oí hablar a unos a primera hora de la tarde ─abren a las cuatro, para el café (lo dejo caer porque es a esa hora cuando regreso a mi tribuna)─ fue tan desprendida. No puedo tener queja de la manera en que me han tratado, me han tatuado todo el cuerpo, puesto pirsin, fotografiado sin mi permiso infinidad de veces, escupido, besado ─con legua y todo─, salpicado bebidas, restregado pechos, ocultado sin el menor miramiento bajo carteles insulsos, etcétera, con lo cual, aburrido ya de estar aquí, estampado en la pared y con los huevos negros, he decidido cobrar movimiento motu proprio y salir de vez en cuando de esta segunda dimensión para tomar cartas en el asunto, ni que decir tiene que a horas intempestivas: siento haber llegado al omoplato de mi existencia. Que por qué no lo he hecho antes, pues porque no había nada que picar: qué queríais, ¿que muriera de hambre? Resulta que ahora al jefe, al tipo ese que aparece de año en año, de higos a brevas ─he oído decir que tiene negocios en la indias, algo turbio relacionado con la importación de ataúdes─, le ha dado por poner tentempiés con los que asentar a los clientes adictos al shawarma, grandes bebedores todos ellos pero con esa debilidad a cuestas: perritos, pizzas, sándwiches, comida mediterránea, ya lo ven, sin apenas calorías, por lo que observando disimuladamente desde mi pedestal ─puesto privilegiado donde los haya en todo el garito─ que no eran difíciles de elaborar le eché arrestos y, coincidiendo la otra noche con el XIV aniversario, con la primera noche que se iniciaba esa novedad tan apetitosa, una vez hubieron salido todos del establecimiento ─por llamarlo de alguna manera─, a horas intempestivas ya digo, cuando el negocio es abandonado a su suerte, decidí dar el salto a esta tercera dimensión donde todos parecen pasarlo tan bien, y empezar a vivir la vida. ¡Madre de Dios cómo estaba la pizza!), catorce ya, sí, y una de mis mayores virtudes es que soy muy perro. Hasta el próximo sábado.

Vídeo  —  Publicado: octubre 3, 2013 en Huellas

“Cuando tengo un poco de dinero me compro libros. Si sobra algo, me compro ropa y comida”

Cita  —  Publicado: octubre 2, 2013 en Huellas